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Destacado EDUARDO ARROYO (Madrid, 1937 - 2018)  Corazón, hígado y riñón, 1964 EDUARDO ARROYO (Madrid, 1937 - 2018) Corazón, hígado y riñón, 1964

EDUARDO ARROYO (Madrid, 1937 - 2018) 
Corazón, hígado y riñón, 1964 

 

Óleo sobre lienzo. 
146 x 112 cms. 
Firmado, fechado y titulado en el reverso. 


PROCEDENCIA: 
Antigua colección Berrocal, el Negrar, Verona. 
Colección particular. 


EXPOSICIONES:
París, Galerie André Shoeller Jr, “Eduardo Arroyo. 25 ans de paix”, 1965.


Tras finalizar la carrera de Periodismo en 1957, Eduardo Arroyo, como muchos otros, se trasladó en 1958 a París huyendo del ambiente asfixiante de la dictadura franquista con la intención de ser escritor. Si bien, la falta de conocimientos del nuevo idioma y su urgente necesidad de expresarse le dirigieron hacia la pintura. Pese a que la pintura abstracta predominaba en esa época, Arroyo optó por la figuración como medio de expresión ya que ésta podía servirle mejor a sus propósitos reivindicativos. Plenamente dedicado a la pintura, en 1960 expuso en París, entre otras, en el “XI Salón de la Joven Pintura” y en 1963 en “L’Abattoir (El Matadero)”, nombre que se le dio al espacio dentro de la III Bienal de París utilizado por un grupo de jóvenes artistas de varios países para denunciar el totalitarismo, la tortura y todas las formas de represión física e ideológica. Arroyo presentó cuatro grotescos retratos de dictadores (Franco, Salazar, Hitler y Mussolini).

La exposición causó tal escándalo que el Gobierno franquista consiguió que se censurasen las obras ocultando las enseñas nacionales que flanqueaban e identificaban los retratos. Además, a instancias del Ministerio de Gobernación se clausuró su primera exposición individual en la Galería Biosca de Madrid al poco de haber sido inaugurada sin la presencia del artista, que tuvo que huir a Francia perseguido por la policía. En 1965 realizó una importante exposición en la Galería André Schoeller Jr de París, de la que “Corazón, hígado y riñón” formó parte.

Con el título “25 ans de paix” (25 años de paz), Arroyo parodiaba el nombre que el Gobierno de Franco dio a la celebración de los veinticinco años de gobierno desde que ganaran la guerra civil. La exposición estaba formada por cuadros autobiográficos y composiciones que estaban prestadas, a modo de pastiches, de famosos cuadros de la pintura española, desde “Las majas” de Goya (”La Maja de Torrejón”) hasta “El Guernica” de Picasso (”Notas sobre Guernica”).

En palabras de Francisco Calvo Serraller: “En todos ellos, las vivencias personales y políticas introducían chirridos en las imágenes estereotipadas, un poco de la misma forma con que Arroyo manipulaba las historias protocolarias de Napoleón, pero con más actualidad, pasión e incluso violencia”. (Francisco Calvo Serraller, “Diccionario de ideas recibidas del pintor Eduardo Arroyo”, Ed.Galaxia Gutenberg, 1998, rep.pag.202).

Pintado en 1964, esta obra ejemplifica de manera brillante la obra de Eduardo Arroyo a mediados de los años 60, adscrita dentro del movimiento de la figuración narrativa. Ejecutado con pinceladas planas, colores vivos y ausencia de perspectiva, vemos en primer plano, sobre un fondo monocromo, la cabeza de un “Cristo” con corona de espinas que parece sacado de modelos de El Greco.

El resto del cuerpo es una masa de diversos colores que carece de extremidades. En la parte superior, se observan los tres órganos interiores que dan título al cuadro. Una constante en la obra de Eduardo Arroyo es su preocupación por el papel que tiene el pintor dentro de la sociedad, cuestionándose la esencia misma de su trabajo.

Manipulando las obras de otros artistas como Velázquez, Rembrandt o Miró, el artista pretende desmitificar el cuadro, el arte y su historia, y recuperar el papel fundamental de los artistas, perdido en ese momento, de denuncia de los problemas y los sucesos de su tiempo.

“El hecho de que para muchos pase por ser un rebelde político, y para otros mi rebeldía sea ambigua, se debe a que no soy sólo un rebelde contra una forma determinada de régimen político, sino sobre todo contra la propia insuficiencia e impotencia que yo mismo encarno. Esa situación, la mía, es la única razón de mi pintura” (Eduardo Arroyo en: Germain Viatte, “Eduardo Arroyo, aguafiestas”, cat.exp.”Eduardo Arroyo”, MNCARS, 1998, rep,pag.31).
 

 

 

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